viernes, 9 de enero de 2009

ser alada

Los seres alados, tan desmentidos por filósofos y economistas, atacados por ecónomos y vendedores de zapatos, y alimentados por niños e insectos, siguen proliferando en mi planeta.
Cuando decidí convertirme en alada, comencé bebiendo algunas gotas del rocío que mi perro traslada desde ciertas hojas oscuras del jardín. Mas tarde tomé profundos tragos de viento sur a la hora en que las capas sucesivas de la noche atormentan la playa, pero no consegui mas que sentir una desalentadora ingravidez.
Entonces encendí el televisor y vi a esos niños y niñas, ganado altura sobre fuegos cruzados, con los bazos abiertos sobre La Franja de Gaza, y compredí mi pobre condiciòn de incompletud terrestre.

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