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domingo, 26 de abril de 2009

gente cursi, che



Yo puedo soportar a un idiota, a un lastimero o a un envidioso con total normalidad. Sin embargo, me resulta imposible ser amable o educada con los cursis. La gente cursi me saca todas las ganas de vivir. Me agrede con sus frases hechas, con sus rituales llenos de parentela cariñosa, con sus adornitos y tarjetas alusivas, con sus poemas dedicados a la madre, con su colección señaladores y muñequitos. Los odio, me dan arcadas; no puedo evitarlo. Cada vez que un padre cursi lleva a sus hijos vestidos en tiradores y moñito a una fiesta quiero morir. Si escucho "personita especial" o "estamos embarazados" cruzo los dedos para que llegue pronto el fin del mundo. La cursilería debiera ser reconocida como una patología, y los cursis

como buenos enfermos mentales que son deberían estar encerrados en una institución llena de guirnaldas, duendes de la buena onda y adornos de goma Eva.


*Extraído respetuosamente del blog La peleadora, la vida con un carácter de mierda, de Carolina. Gracias, Caro. Gracias, Delfina.